yo era heavy metal (1)

¿Sabéis? Nunca he tenido el pelo largo. Así empieza el imprescindible libro “Fargo Rock City. Una odisea metalera en la Dakota del Norte Rural”, escrito por el activista cultural -periodista gafapasta- Chuck Klosterman, y publicado aquí y en castellano a finales de 2011 por Es Pop Ediciones.

Quería roquear.Para mí el rock lo era todo. Como adolescente blanco y flacucho criado en una granja familiar de Dakota del Norte, parecía ser la respuesta a todos los problemas que creía tener. Sí, es real, esto lo dice el autor en el inicio del libro, probablemente, la nueva biblia para aquellos que vivieron el  auge del heavy metal de los ochenta y, ahora, solo les quedan borrosos recuerdos inconfesables y una barriguita cervecera. Entra vídeo.

Aún puedo recordar perfectamente la mañana en la que fui captado para el culto del heavy metal. Así se expresa Klosterman para describir lo que supuso Möntley Crüe en su vida campestre rodeado de vacas. Y durante 300 sabrosas páginas más, nos relata el hechizo de un joven de la América rural atrapado por el más peluquero y rotundo Hair Metal de los ochenta.

Sin complejos, habla de su experiencia personal y adolescente con elementos como Van Halen, de metáforas andantes como Kiss o, simplemente, hace psicología social para decir cosas que todos pensamos: “la mayoría de los tipos que escuchaban a Iron Maiden en los ochenta no follaban demasiado a menudo”. Eso sí, dedica amplio capitulo y ensayo con Guns N’Roses. Con hundimiento incluido.

Pese a que el retrato, en general, no se ajusta mucho al gusto europeo -el cardado no ha sido nuestro fuerte-, si recoge verdades como puños del tipo –nuestra cultura está fascinada por el fracaso público-. Además, pone fecha de clausura al heavy metal -del bueno- con la aparición de Nirvana y el suicidio de Cobain –única cosa genial que le paso a la música en los noventa-.

También incluye listado de discos imprescindibles de la época y un pequeño análisis de las nuevas hornadas metaleras. Advertimos: no gustará a los fans de Metallica, a los modernos que borraron sus referencias heavies de su discografía y a los calvos con poca acidez intelectual. (A la espera de Mastodon, continuará)

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