la gastronomía no es el nuevo rock, pero nos gusta

La frontera entre la gastronomía y la música siempre ha estado bien definida. Fogones y guitarras no eran muy compatibles en un mismo escenario. Hasta ahora.

El coqueteo de algunos cantantes con los restaurantes de lujo, el glamour de crear tu propio vino -Joan Manuel Serrat y su bodega Mas Perinet– y la aparición de estrellas como Ferrán Adriá con afirmaciones como “la cocina es el nuevo rock and roll“, han roto las fuerzas que separaban estos dos mundos y han despertado a un nuevo monstruo gastromusical.

Ejemplo de ello es la aparición de “Cocina indie: recetas, dibujos y discos para gente diferente” (Lunwerg, 2012), un libro con 90 recetas sencillas -doy fe-, que relaciona cada plato con los principales grupos del universo de la música independiente.

El recetario te propone una banda sonora para acompañar la preparación y degustación de una buena comida. Y va más lejos: cada receta tiene algo que se vincula con el artista elegido.

Así pasa que inicias la velada con un “brócoli de Malasaña a la vinagreta”, sugerido por Russian Red; atacas el “solomillo mechado y despeinado” con el álbum Angles”, de The Strokes, y finalizas la noche con un “pisco sour a la chilena”, destacado -¡cómo no!- por la imprescindible Javiera Mena.

No se trata de cambiar el clásico eructo silencioso de sobremesa por un sonoro “Oh yeah”. Según Mario Suárez, periodista y autor junto con Ricardo Cavolo de de este trabajo, estamos ante un “buen playlist para gourmets que se dejan guiar por la música en la cocina”.

“Cada receta es como un relato. Es una manera distinta de contar las cosas, para un público que escucha música, que va conciertos y que le encanta cocinar y comer”, añade Mario, sorprendido por el impacto de su recetario que ya ha alcanzado este mes su segunda edición.

El trabajo, que se inició a partir de los gustos personales, necesitó de una labor de investigación y rastreo.

“Hicimos la lista de músicos y fuimos buscando recetas que se acomodaran a las pistas que nos iban dando; desde gustos culinarios que contaban los músicos (Anni B. Sweet y el ajoarriero de su madre), a su imagen (Polock y sus raviolis con flequillo), a su origen (Björk y los arenques), o sus vídeos musicales”, comenta.

La sorpresa llegó con la respuesta de los músicos y, sobre todo, con la interrelación con los lectores a través de las redes sociales. “Nos mandan fotos de recetas con imágenes del libro al lado, nos comentan que son felices con nuestros textos y dibujos”, señala el autor del libro.

La otra pata del menú son las ilustraciones. Ricardo Cavolo rompe con el clásico recetario con fotografías de tres pasos -cocción, corte y salteado- y dibuja “tatuajes que aúnan una receta y una banda indie”.

Consciente de que cocinar, “afortunadamente, es ‘mainstream'”, Ricardo aporta con sus ilustraciones el placer visual a este libro que reivindica el maridaje entre la música y la mesa.

Y no es el único en su género. Fuera de España han surgido otros recetarios de alcance internacional como el afamado “Hellbent for Cooking. The Heavy Metal Cook Book”(Bazillion Points, 2009).

La publicación, que incluye 101 recetas escritas por bandas del Metal como Sepultura, Anthrax o Judas Priest, está coordinada por Annick Giroux, que se autodenomina como la cocinera morbosa y aparece en la portada sujetando un cuchillo chef de 25 centímetros.

Sin entrar a divagar sobre el tipo de corte de en las verduras, se han multiplicado el número de artistas que enlazan el buen comer con la industria musical y ven en el gastro-rock una fórmula para ampliar ingresos.

Este es el caso de Marky Ramone. El único miembro vivo de Los Ramones ha puesto en marcha un negocio de venta ambulante de comida en Nueva York, especializado en albóndigas con salsa de tomate.

En este restaurante sobre ruedas -“Cruisin Kitchen“- se puede degustar la famosa salsa “Marky Ramone Brooklyn Own Marinara Sauce”, que también está a la venta por 88 dólares en la web del ilustre baterista.

Otro que estudia en la misma escuela de finanzas es el legendario Lemmy, de MotörHead. En la página oficial de la banda, junto a sus últimos discos se publicita distintos tipos de bebidas alcohólicas: desde cerveza con la marca del grupo -del mismo infierno- a un vino tinto Shiraz cuyos riesgos etílicos son advertidos directamente por el temible cantante británico.

Más sibarita es Alex James, el bajista de Blur, que ha montado con éxito una compañía de fabricación de quesos en la campiña inglesa.

Por no hablar de Miguel Bosé que, desde hace 15 años, es propietario de Monsalud, una prestigiosa empresa extremeña de jamones ibéricos de bellota que ha recibido numerosos premios, entre ellos el de mejor ibérico del mundo.

Son ejemplos de que la música se impregna, poco a poco, de sabores y las cocinas se nutren de sonidos y acordes.

Esto, en cambio, no evita las preguntas: se trata de ¿un negocio? ¿ingresos atípicos? ¿moda? ¿tendencia? Dejémoslo en un trasvase de placeres que doblan el goce de los sentidos. Bon Apetitt! EFE

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