viaje sonoro a un paraíso musical perdido

Iñigo no tiene pinta de explorador al uso, tampoco tiene aire de Indiana Jones o maneras de oscuro enterrador que recupera cadáveres. Sin embargo, al frente de su discográfica independiente (Munster Records), lleva más 25 años salvando del olvido auténticas joyas del universo sonoro.

El botín es muy variado. Desde canciones pop del Irán previo a la llegada de los ayatolas, a ritmos go-go de los Yetis de Colombia, o desde la rumba del Pescailla en su “Tiritando” al ruido punkarra de los primeros Eskorbuto, nada frena a estos tipos en su labor de recuperación y exhumación musical.

Eso sí, para no perderse en este viaje hay que trazar un mapa del tesoro. El punto de partida está en Bilbao. Con 15 años, Iñigo Pastor inició su aventura con la publicación del histórico fanzine de rock “La herencia de los Munsters”.

“El fanzine se derivó en actividad discográfica. La idea surge en mi casa, con mi hermano, escuchando discos y escribiéndote con gente de Francia, Alemania…te intercambiabas información y cintas de casete. Esa idea inicial, casi artesanal, se sigue manteniendo ahora”,  aclara Iñigo desde su despacho madrileño lleno de carteles punks, montañas de discos en el suelo y algún que otro objeto de la cultura pop desperdigado.

En este sello primigenio se promociona, principalmente, la música rock, el garaje punk, hardcore y otras sonoridades afiladas.

Su labor evangelizadora no tiene límites: igual lanzan novedades como “Pesadilla Adulta” de Juanita y los Feos,  reeditan a los venezolanos Impala o venden y agotan, este mismo año  una edición de 10.000 singles en vinilo que recoge las primeras obras de los inclasificables y adorables The Cramps.

Estas investigaciones arqueológicas tienen puntos álgidos. Para Iñigo, el rescate del olvido de Los Saicos,  un grupo peruano proto-punk de los sesenta, fue uno de sus grandes descubrimientos que ha alcanzado reconocimiento internacional.

“Los Saicos hicieron algo de una manera que nadie había hecho antes, los recuperamos y, aunque cantasen en castellano, todo el mundo lo ha asimilado y ahora es un clásico de la historia del rock”, añade orgulloso.

En este segundo tramo del viaje se alcanza parte del paraíso. Así lo entiende cuando llegamos a América Latina. “La música de allí es inagotable. Hay mogollón  de música. En términos de rock de los sesenta –beat, garaje, psicodelia- un país como Perú daba 100.000 vueltas a España, tanto en producción como, en muchos casos, calidad. Allí había mucha edición local y estamos explorando esos catálogos”.

La riqueza musical del continente americano animó a Iñigo Munster a crear otro sello “Vampisoul” que, ahora, cumple 10 años, y que publica música “que no entra en el circuito rockero” y que, en algunos casos, roza la investigación antropológica.

Este espíritu, que se organiza en recopilaciones y reediciones curiosas, permite descubrir artistas olvidados de los 50, 60 y 70 que practican salsa de Puerto Rico (Moncho Leña) , boogalloo tropical (Lucho Macedo), latin soul (el renacido Joe Bataan),  afrobeat colombiano, candombe y muchas más etiquetas musicales para glotones musicales sin prejuicios y oídos ansiosos de nuevos y sabrosos placeres.

Con ediciones cuidadas que van de 1.000 a 3.000 ejemplares, Vampisoul encuentra su mercado natural fuera de España. No por ello, se olvida del legado peninsular: ya va por la tercera entrega la compilación “Sensacional Soul”, dobles CDs que rescatan a artistas que protagonizaron la fiebre del soul hispano de 1966 a 1976.

Igual sucede que, a la manera de la marca británica Ace Records,  el sello se permite el lujo de lanzar recopilatorios de cantantes femeninas españolas de los sesenta con Margarita Sierra, Encarnita Polo y Marisa Medina, entre sus banderas.

Y en esta tarea de diversificar, “clave para la supervivencia”, la última etapa del viaje nos lleva a Vinilisssimo –sí, con tres eses-, un sello dedicado a reproducciones fieles de “discos básicos” en vinilo.

“Son discos que todo el mundo debería tener en casa. Empezamos con el pop español de los sesenta –Los Brincos, Los Bravos, Los Canarios-, seguimos haciendo álbumes internacionales –Syd Barret, Buzzcocks- y  llegamos a Latinoamérica –La Barra de Chocolate, Los Mokers o Traffic Sound-“, destaca Iñigo mientras se pasea por una envidiable habitación llena de vinilos.

Tanta diversidad confirma una pasión evidente por la música. –“todos los que estamos en este proyecto, somos de tienda de discos”-. También, sugiere una manera artesanal de hacer las cosas que requiere de paciencia y de activistas para rebuscar en catálogos perdidos y alcanzar el arca de la Alianza.

Munster ya ha lanzado más 600 títulos diferentes en su larga vida y, sin apoyos institucionales, trata de ser rentable recuperando un rico y olvidado patrimonio sonoro y disparando propuestas originales.

“Creo que estamos trabajando con algo fundamental para el ser humano como es la música. Por ejemplo, es importante la industria del pan, todo el mundo come pan todos los días; pienso que, con la música, pasa un poco lo mismo”, concluye Iñigo antes de enfrascarse en otra aventura en ese proceloso océano musical que es nuestra memoria.

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