“Que sepan dónde he muerto”

fotografo realRecuperado, en estas fechas hace un año, como un bloque conjunto -frente a los tres tomos anteriores-, merece la pena recordar la re-publicación de la novela gráfica “El fotógrafo”, de Didier Lefèvre (el fotero protagonista), Emmanuel Guibert (el dibujante) y Frédéric Lemercie (color y maquetación).

Aprovechando el parón navideño hemos releído esta formidable historia que combina cómic y fotografía pero que, sobre todo, muestra la desolación del hombre ante una realidad que no se deja atrapar por las medidas y parámetros occidentales.

Después de disfrutar de nuevo de la estupenda historia del Fotógrafo y de su viaje con Médicos Sin Fronteras a las tierras de Afganistán en los ochenta, no tenemos ninguna duda de que la operación Libertad Duradera -invento de la Administración Bush- estaba condenada al fracaso.

La historia es sencilla y se mueve durante la ocupación de la URSS del país asiático. A finales de julio de 1986, Didier Lefèvre deja París para acompañar un equipo de MSF hasta el corazón de Afganistán durante la guerra de los soviéticos contra los mujahidin.

dibujo y fotografíaViaja como fotógrafo y, con él, viajamos todos los lectores entre la estupefacción, la misericordia y el miedo permanente.

La cordura está en la parsimonia de los médicos que, día a día, recuperan a personas que sufren, muchas veces, simples accidentes domésticos.

En este viaje iniciático y personal, que conjuga la labor de un fotógrafo con el lenguaje cinematográfico del cómic, se vive la sorpresa ante lo desconocido, la alegría por la aparición de algunos sentimientos ya olvidados y la tensión que transmite un país en guerra.

Quizá el cambio formal -el uso de viñetas y fotografías- pueda ser revolucionario ( o no) pero la historia que cuenta trasciende el tipo de lenguaje en la comunicación.  Su mensaje, con trazos, manchas o negativos, llega al corazón y nos muestra tal y como somos.

Por ello, uno de los momentos más emocionantes llega cuando el protagonista, el fotógrafo, abandonado en un puerto nevado en la frontera con Pakistán, ve en la oscuridad el fin  de sus días y exclama:”Que sepan dónde he muerto”. Tras este lamento,  hace una  fotografía de su caballo moribundo entre la nieve.

Ese “clic” nos sobrecoge y nos desnuda.

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