Wild Honey y el club de las canciones soleadas

Wild en la calleGuillermo Farré tiene 33 años, vive en Madrid y en el mundo de la música se le conoce como Wild Honey. Acaba de publicar “Big Flash“, su segundo trabajo y lo presenta, hoy, en el Teatro Lara de Madrid.

Hasta aquí, otra clásica noticia de la sección de Cultura sobre músicos poco conocidos y con flequillo. Sin embargo, para unos pocos, se trata de un acontecimiento de primer orden. Sobre todo para los que creen en las canciones bonitas, los finales felices y la alegría de vivir.

A primera vista, el tipo de música de Wild Honey no es fácil de clasificar. La prensa especializada ha multiplicado las etiquetas para referirse a su sonido: Sunshine pop, Bubblegum, Twee pop, Bossa Nova retrofuturista …etc. Sin rechazar ninguna denominación, Guillermo prefiere quedarse con “pop soleado con toques psicodélicos”.

bigEs más sencillo de entender “el concepto” cuando explica que sus referencias clásicas de los sesenta son “The Beatles del ‘Álbum Blanco’, Beach Boys, Os Mutantes y The Zombies”.

Ahora, después de cuatro años de silencio, Wild Honey publica “Big Flash” (Lazy Recordings/ Lovemonk 2013), álbum grabado en el estudio Sound Magic de Berlín, bajo la excepcional producción de Tim Gane, líder de la banda alternativa británica Stereolab.

“Tim Gane es uno de mis músicos favoritos de la historia. Logré hacerle llegar mi primer disco, le gustó y accedió a trabajar conmigo a pesar de no haber producido nada fuera de Stereolab. Eso sí, puso una condición: que nos conociéramos antes de comprometernos a nada. Viajé a Berlín, hablamos muchísimo de música, nos caímos bien y adelante”, explica.

Este final feliz tuvo un inicio accidentado. Guillermo empezó a escribir el disco en los dos meses que estuvo de baja tras ser atropellado, como un turista despistado -Look Right-, al cruzar una calle en Londres. “El impacto del coche fue un poco el catalizador de todo”, dice ya recuperado antes de cruzar, en verde, el Paseo de la Castellana de Madrid.cruce de calles

Como en su anterior disco, “Epic Hands Hakes and a Bear Hug” (autoeditado y financiado con unos pocos ahorros), Wild Honey vuelve a destilar unas melodías brillantes (“Gothic Fiction”), unas composiciones suaves (“The Kite and The Captain John”) y un intenso cuidado por los detalles que refleja una potente y frondosa cultura pop.

Esta vez, además, se ha reforzado la base rítmica -ha contado con Diego Blanco a la batería- que hace más potentes las canciones y “le dan un aire más bailable”.

“Con el nuevo disco tenía claro que quería dar más importancia a los ritmos y por eso me lancé a trabajar en un estudio con un productor”, declara Guillermo, que reconoce que su primer trabajo -grabado casi por completo en su casa- pudo quedar “algo blando de sonido, al no querer molestar a los vecinos”.

“En Big Flash he cuidado mucho los arreglos, tratando de que cada canción tuviera una personalidad concreta. Reproducir el disco en directo es complicado pero me acompañan seis músicos que, además, son amigos míos”, dice el artista de cara a la presentación de mañana.

Wild Honey, que es un proyecto personal de Guillermo -donde él graba y toca casi todos los instrumentos-, se convierte en banda en las actuaciones en directo. Ello no impide que en el disco colaboren, entre otros, Anita Steinberg, cantante de Mittens -donde Guillermo es bajista-, Almudena Villalba, de Las Escarlatinas, o Javier Lorente.

Pese a unas canciones pegadizas y con encaje de calidad en las emisoras de radio, el salto de Guillermo a la clase media del pop – a la profesionalidad- no es fácil, según el artista.

“Es bastante inverosímil que pueda dedicarme cien por cien a la música en una situación como la actual. A parte de la crisis que afecta a todos, soy consciente de que por el tipo de música que hago, por elegir cantar en inglés (su primer grupo favorito fueron Los Ramones), o por la forma de distribuir mis discos a través de mi propio sello, no existe margen”, explica.

Pero no hay lamentos. Cuando se componen canciones optimistas y soñadoras, siempre se puede llegar lejos o, por lo menos, disfrutar “haciendo música”. De momento, Wild Honey es uno de esos secretos musicales para el disfrute de minorías, una dulce joya pop en la jungla de la música independiente.

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