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Yo suspendí el examen para ser músico callejero

La sección de Cultura de la Vanguardia recoge una muestra más de periodismo gonzoLa propuesta del distrito Centro de Madrid de examinar a los músicos callejeros que se ganan la vida en sus calles levantó este mes de diciembre una polvareda mediática casi mundial.

El caso tampoco era tan raro; ciudades como Barcelona, Bilbao o Valencia -en España-, tienen sus propias ordenanzas sobre el uso de la vía pública para el arte sonoro.

La gracia del asunto es que, si superabas la prueba, te daban un carné para poder tocar en el distrito y, de esta forma, te avalaba una institución oficial tu condición de músico para la calle.

Ni corto ni perezoso me presenté junto a un amigo con el cual había montado un grupo de rock en los noventa.  La idea de fondo era escribir una crónica para la agencia EFE desde dentro de la prueba; había que contar qué era lo que pasaba en el recinto del Conde Duque, lugar donde nos habían citado.

La experiencia está resumida en el artículo “Yo me examiné para ser músico callejero” y se publicó en decenas de medios  en internet. Incluso, el periódico La Voz de Galicia sacó la crónica en su edición en papel.
La Voz de Galicia se hace eco de la gomicrónica

La historia dio mucho juego e, incluso, algunos tipos grabaron la actuación de su examen.  Esos, pasaron. Yo suspendí.

Así de triste es la vida. Mucho éxito con la crónica para la agencia EFE, mucha palmadita en la espalda de compañeros del trabajo, muchas gracietas pero, al final, suspendí, no pasé la prueba.

No fui el único. Cerca de 300 artistas nos quedamos al margen de la ley musical del distrito Centro de Madrid.  No importa. Seguiremos intentándolo.

 

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cuando Mecano se coló en tu vida

Una de las sorpresas editoriales/musicales que estamos disfrutando este verano se esconde en el libro “Mecano 82. La construcción del mayor fenómeno del pop español”, escrito por Grace Morales -fotografía inferior- para colección Cara B, de la editorial Lengua de Trapo.
El ensayo relata la creación, explosión y explotación del primerísimo disco del trío Mecano, un álbum que cambió la vida de una generación y que, probablemente, su aparición supuso el “primer fenómeno pop de la democracia española.
Fotografía de Grace Morales, autora del libro "Mecano82", facilitada por la propia escritoraEn la crónica que publicamos para la agencia EFE, resaltamos la capacidad de la autora para abrir con un bisturí el cadáver de aquella época y encontrarnos con la España de los Pecos, el Naranjito, la victoria socialista y el Papa Juan Pablo II besando la pista del aeropuerto de Barajas antes de la T4.

Con el título “Autopsia al disco de Mecano que cambió nuestras vidas“, en nuestro relato para la agencia, mantenemos la idea de que el verdadero punto de partida de la modernidad “a la española” fue la aparición de ese disco que incluye canciones tan memorables como “Maquillaje”, “Hoy no me puedo levantar”, “Perdido en mi habitación” o la imprescindible “Me colé en una fiesta”.

La tesis, al fin y al cabo, es de nuestra conocida Grace que, no sobra decirlo, es fundadora del fanzine Mondo Brutto y reconocida “columnista” de la web Butano Popular.

Como comentamos en la crónica, Grace destaca que “el primer elepé de Mecano es un fenómeno que va más allá de lo musical: concita a una sociedad entera, que celebra en torno a él, el descubrimiento de la modernidad a la española”.

Y ese es parte del acierto del libro: plantear la aparición del “disco del reloj de Mecano” con la situación económica, social y política de una España que buscaba referentes culturales para sacudirse la caspa, quitarse la boina y entrar en el paraíso de la modernidad europea.

Treinta años después “la caspa siempre vuelve a aparecer”, como dice Grace en la entrevista, Europa habla alemán  o lo aprende y  el espíritu de la transición parece el viejo fantasma zombie que nos invade. (el prologuista Guillem Martínez dixit)

Otro hallazgo del libro -quizá involuntario- para los que vivimos aquella época es que te obliga a reflexionar sobre lo que fuimos, pensábamos que íbamos a ser y el resto de agua que queda tras esa tormenta de recuerdos.

Un “Cuentamé” para modernillos

No nos olvidemos que se trata de reconocer el efecto -o la devoción- que tuvo y tuvieron en cada uno de nosotros -y en los que llegaron después-,  esas imágenes y sonidos emitidos por Ana, José y Nacho.

Se trata de un ejercicio nostálgico donde podemos recuperar aquellos días en los que unos vestían de nuevos roḿánticos o de payasos Pierrot, otros se apuntaban a las hordas del metal y donde la mayoría, simplemente, escondíamos las tetas con nuestra carpeta repleta de fotos de chicos guapos.

“La resaca del champán” no llegaba a calimocho o litrona Mahou y la vida misma nos confundía con unos “nosotros mismos” en las primeras borracheras de las fiestas de fin de curso.

Sí, patéticos pero no muy diferentes al escenario post-desastre actual. Pese a ello, sonreíamos.

Mecano en su primer momento

No tengan miedo, dejamos la verborrea y las historias del servicio militar -antes era obligatorio para algunos-, para recomendar un libro simpático que rompe con la colección de hagiografías de Mecano.

De paso, no es un mal momento para escuchar y recordar ese “disco del reloj” de Nacho, José y Ana.  Algunas canciones permanecen y superan la etiqueta de ser la banda sonora de una generación. Y no es poco.

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